“La práctica pedagógica en entornos innovadores de aprendizaje”

Presentación de Álvaro Marchesi,   Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos

La innovación es algo complicado. Considero que ustedes están aquí reunidos para reflexionar acerca de cuáles son las maneras de encontrar nuevas estrategias en el campo de la enseñanza en tiempos de confusión y de transformación y de no tener bien claro cuál será el marco en el que enseñaremos en años futuros.

Quiero destacar que para hacer frente a retos imprescindibles en la docencia y en la enseñanza hace falta no olvidar tres características o dimensiones que hay que saber  combinar. Ustedes, que trabajan en este campo, seguro las tienen en la mente: por una parte la disposición de los profesores, es decir,:

  1.  el interés,
  2.  la motivación y
  3. el compromiso de valorar oportunidades. Nunca se innova si se está quieto, nunca se innova si no se está satisfecho con lo que se hace o si todos los cambios parecen una pesada carga más que una oportunidad.

Para innovar hace falta la disposición para enfrentarse a los cambios futuros como un reto y como una oportunidad, y eso supone un compromiso con el campo educativo y  con el trabajo que uno está haciendo.

Pero además de la disposición, que es un factor muy necesario, la competencia en el campo en el que uno se mueve es otra dimensión insoslayable. Uno puede estar muy motivado, pero si no maneja las herramientas conceptuales o didácticas o las  estrategias básicas, la innovación, por muy voluntaria o motivada que sea, no termina de fructificar y acaba normalmente en la ausencia de éxito.

Por ello, hace falta la preparación que en el pasado era más individual, en los tiempos más próximos se lograba en el grupo de profesores cercano y, en la actualidad, cada vez con más fuerza, se produce de forma colectiva a través de redes de intercambio de profesores y de escuelas. Es en esas formas de preparación como uno va encontrando la competencia. Sin disposición, motivación y compromiso, esta última tampoco conduce a una innovación constructiva.

Por último, hay una tercera dimensión que quiero destacar: aquella que refiere a las condiciones estructurales y de trabajo, para que la confluencia entre la disposición y la competencia haga viable ese proyecto.

En mi experiencia a lo largo de mi vida profesional y lo que he conversado con muchos docentes, cuando uno se encuentra satisfecho de su vida profesional a lo largo de los años, es porque ha habido una confluencia de dos tipos de experiencias. Por un lado, uno ha encontrado compañeros animosos y, por el otro, se ha incorporado a proyectos de innovación que lo han despegado de la rutina, de la tradición y del  cansancio.

Fuente de la Información anterior: http://www.oei.es/noticias/spip.php?article10376

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